EN UN MAR DE ESPERA.

El barón ha decidido cambiar de montura y eligió un corcel blanco como el merengue, dado que su viejo compañero de fatigas, ya no está el pobre para dar muchos trotes. En gratitud por su docilidad y leales servicios, el resto de sus días los pasará descansando en el establo, retozando tranquilo en el fresco forraje y paciendo libre por los vedes prados.
Se presentan batallas decisivas y requiere de un compañero fuerte que le responda frente a la adversidad con brío. Si pudiera ser, con la inteligencia y nobleza manifestada por su abnegado Sincero, al que espera no tener que echar en falta. Su máxima preocupación ahora está centrada en encontrar un nombre adecuado para el caballo que haga honor al abolengo de su linaje.
Por lo demás, poco tiene que contar. La tropa bajo el mando del general Zidane parece haber encontrado con un juego ofensivo la senda de los triunfos. Pero el barón no las tiene todas consigo, hay un capitán de la vieja guardia que se le atraviesa. Piensa que es un rufián de poco fiar.
En la última batalla el vulgo disfrutó de un festival de goles frente a un rival de poca enjundia que llegaba diezmado, por lo que el barón, no le va a dedicar muchas líneas. Al menos, sirvió para que la tropa entrene, perfeccione los detalles y alcance un tono físico competitivo del que semanas atrás, adolecía. El rival, el Español, apenas presentó batalla, fue un conato de revuelta que no llegó siquiera a escaramuza. Ante el aluvión de golpes que recibió en los primeros compases, sacó las uñas y se defendió a patadas. El trabajo se remató en los minutos finales ampliando el resultado que acabó: 6-0.
Un importante aspecto a mejorar es la defensa. En los pocos esbozos de peligro que el adversario creó, tuvieron como destinatario al granuja por su falta de velocidad y su cintura ortopédica. Cuando éste consiguió frenar al oponente, lo hizo también a base de tarascadas. Además de compromiso, parece que lo va adquiriendo, se le pide más concentración. Del resto, “lo que la naturaleza no da Salamanca no presta”.
Los aficionados, en general, parecen estar recobrando la ilusión con la imagen que está ofreciendo la tropa. En apenas unas semanas, tras la presentación de Zidane, se ha transfigurado. Se preguntará alguno si no habrá sido demasiado tarde para ganar la Liga, sobre todo porque como sucede en los últimos años, el adversario a batir pierde pocos puntos ante la desigualdad de plantilla respecto al resto de competidores. Ello es obvio que le beneficia enormemente junto a los estratégicos puntos que le dan los árbitros. No se debe perder la esperanza, hay que continuar combatiendo porque pronto se reanudará el trofeo más querido y prestigioso: la “Champions League”, y han de estar preparados para ganarlo. De producirse tal hecho, representaría salvar con creces la temporada que se inició torcida y olvidar desmanes anteriores.
Por falta de actividad belicosa que reseñar, todas las mañanas el barón escapa de su torre almenada para inspeccionar a lomos de su fogoso corcel, las viñas que heredó de su tía Cabecica. Al llegar a un bosque de encinas en las lindes de su heredad, decide hacer un alto para descansar y de paso, aliviar los molestos ruidos que le producen los jugos gástricos de su estómago. Tras desmontar, de un añoso zurrón atado sobre la albarda, aparta un trozo de tocino seco al que acompañara en su degustación, con un caldo molviceño. Al terminar la ingesta y sin otra preocupación, inspirado por las hadas del bosque y a viva voz, recita al viento el siguiente verso:
La noche duerme tranquila,
Despierta la aurora serena,
El barón alerta vigila,
Desde los muros de su almena.
