6 junio 2026
La Furia

SOBRAN LAS PALABRAS.

El barón a primera hora del día cuando despunta el alba, tiene la regular costumbre de acicalarse frente a un espejo roto y una vieja palangana. Lo de emperifollarse se ha de contemplar desde una perspectiva medieval y caballeresca. Nada de Boss o de Cartier, tan solo agua de rosas y albahaca restregada donde los brazos arrancan. Nada de gomina o de laca para el pelo, solo manteca de cerdo extendida sobre su recia y abundante cabellera. Se puso una camisa nueva aunque todavía a la que se quitó, le faltaba un mes para que las mozas se la llevaran al río a lavarla. Se puso una de seda que le regaló una dama de Rubite, la baronesa de Los Carlos. Se ha cambiado la braga de lino por una nueva que le roza en la entrepierna. La que se quitó por vergüenza ya no puede ir al río, la arrojó en un estercolero evitando que algien lo viera. Le espera su dulcinea, la flor que conoció durante una boda, una gota de roció mañanero, su capullito, su ángel de amor… Pero no anticipemos acontecimientos, habrá que esperar a mañana para saber qué nos cuenta. 

Hoy, después de conectar a puntapiés el “ceboclick” y ver lo que vio, ha pergeñado un escrito que enviará a todas las alquerías. El barón piensa que siempre cuenta la verdad, pero como no se fía de las reacciones de tanto bellaco suelto por esos predios, a su habitual cita con el atril donde ahora escribe, acompaña consigo su escudo y la espada. Ete aquí sus penúltimas reflexiones: 

Acaso fuera por la rotura de una ánfora al llegar la expedición a la puerta del hotel, que los comentaristas elegidos de la transmisión fuesen Valdano y Zubizarreta, o bien, que horas antes de la batalla contemplase unas imágenes del archiduque con el poni sevillano haciéndose carantoñas en la grada, mientras los compañeros en el césped entrenaban, las sensaciones que tenía el barón previas al partido de ida de los cuartos de final de la “Champions League”, frente al Wolfsburgo en Alemania, no eran ni de lejos las mejores. Para colmo, según comentó pinocho Lama, durante ese amarruco el camero le contó al archiduque que el equipo era una piña y se atrevió a pronosticar que ganarían “la Undécima”. El barón recordó otros episodios de cenáculos y conjuras donde el azul del cielo se transformó de repente, en densas y plomizas nubes de tormenta. 

En el intercambio de saludos y, aunque después corra la sangre, la  cortesía entre caballeros debe prevalecer. El físico de los teutones con conocidos nombres entre sus filas, invitaba a pensar que el triunfo no sería facil como pronosticaron con cierta ligereza los pinochos. Para ellos todas las batallas son sencillas para restar méritos cuando se gana y dar una puñalada trapera mortal cuando se pierde. 

La contienda comenzó y al primer contragolpe del rival, la veterana y tullida defensa se despendoló quedando en evidencia. El general tiene trabajo por delante para cambiar esa situación si no quiere que la situación se le tuerza. Los recambios de la vieja guardia en algún caso se antojan necesarios y tras lo que se vio en el campo, al barón le asalta la duda de si los nuevos infantes incorporados, están preparados para consumar el relevo. Son tantos los vicios acumulados en la corte… 

La historia pudo cambiar en el primer minuto con un gol anulado a Narcisus y que viéndo la repetición en el ceboclick, pareció habilitado. No debe servir de excusa y sí reconocer, que se dedicaron a hacer el ganso y perdieron. En tres días se pasó de la algarabía frente a los culés con festín incluido, a un sonrojante ridículo por creer que habían ganado el partido antes de jugarlo; situación lamentable que se repite ante unos aficionados recelosos que no acaban de recuperar el aliento. Una vez más habrá que agarrarse a un clavo ardiendo y encender las velas para invocar al “espíritu de Juanito”. Habrá que remontar un 2-0 que por vagos, la tropa se trajo a casa. 

El barón hoy tiene la cabeza en otra parte y ordenó a los mozos de cuadra que ensillaran a Merengue. Luego, debidamente vestido y perfumado, escapó al trote de la torre hasta difuminarse su figura a lo lejos entre las fantasmagóricas sombras de los cipreses.  Su propósito es llegar al molino para tirar los tejos a su amada.

 

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