6 junio 2026
La Furia

LOS DIABLOS BLANCOS.

Negros nubarrones presagiaron las sibilas en el Oráculo de Delfos, aguas fétidas torrenciales los agoreros, cábalas que en cualquier caso no se llegaron a cumplir porque al frente de la tropa, cabalga un brillante general. El barón, mitad guerrero y mitad monje, le dió los poderes mágicos que recibió de su valedor, el gran Merlín, a la vez que lo iluminó con la sabiduría del rey Salomón. 

A nuestro ilustre héroe, In The Garden, celebérrimo por su bravura y filantropía, conocido por  sus grandes hazañas, por su destreza en el manejo de las armas contundentes y arrojadizas, defensivas y ofensivas desde el puño hasta el asta, renombrado en todos los continentes por su prestancia y gallardía, desde Cástaras hasta Carataunas, odiado y temido por los tunantes, perseguido por las damas, maestro en el cortejo y aplicado en los fogones cuando prepara papas asadas, no se le puede pedir más. Así vio y vivió el barón el triunfo de los “diablos blancos” en su olla cebollar y de tal guisa, se atreve a contarlo. 

Tras un tumultuoso y caluroso recibimiento a los guerreros en las puertas del “Estadio”, con banderas y bufandas ondeando al cielo, bajo una tenue y pertinaz lluvia iluminada por el multicolor humo de las bengalas, se presentó el desafío de superar el 2-0 frente a los teutones. La batalla reunía todos los alicientes para convertir el triunfo en una gesta memorable. Las gradas estaban atestadas de un ilusionado y bullicioso público que fiel a su equipo, confiaba en la remontada. Se respiraba ese sabor añejo de aquellas lúdicas y esperadas noches de fútbol europeo. Tras los acordes del himno de la “Champions”, inspirado en la composición de Haendel dos siglos atrás para la coronación del rey Jorge II de Inglaterra, los saludos habituales de ambos capitanes y el sorteo de campo, se inició la batalla. Todo estaba por decidir. 

Desde el primer minuto, el Real Madrid que formó un 4-3-3 con su once clásico de gala, se lanzó con ímpetu al ataque mientras el rival, aguantaba la embestida atrás defendiéndose como un gato panza arriba. Se agazapó sin rubor en su área a la espera de poder sorprender a la contra. El rival asumía su inferioridad vallando su parcela pensando quizá, que traía una renta suficiente El dominio se hacía insistente, abrumador, pero faltaba crear ocasiones hasta que al cuarto de hora, llegó el primer gol: un balón dividido que se llevó Carvajal en el centro del campo, se adentró de interior hasta la inmediación del área y desde allí, realizó un pase raso que tras pasar por un enjambre de piernas, encontró a Narcisus solo en el segundo palo y de manera sutil, colocó el pie para dirigir el balón al interior de la portería.

Apenas hubo tiempo para que el animoso público lo festejase con jolgorio porque dos minutos después, en un saque desde la esquina ejecutado con maestría por Toni Kroos, Narcisus saltó como si tuviera muelles en los pies y anticipándose a la defensa, giró el cuello para golpear el cuero con la cabeza. El balón salió lanzado como un obús entrando por la escuadra. En el último cuarto de la primera parte el equipo alemán mantuvo más tiempo el balón pero sin provocar peligro. Ni siquiera preocupó a balón parado donde su envergadura fisica, hacía temer tuviera alguna ventaja. La defensa blanca se empleó fuerte y muy segura. Al descanso se cumplió el primer requisito, igualar la eliminatoria. 

La segunda parte se inició también con un dominio absoluto del RealMadrid intentando sorprender la espalda del rival con pases que acababan pérdidos por la linea de cal del fondo. Los minutos iban pasando y la impaciencia se apoderó de los espectadores al no llegar el ansiado tercer gol. Los dos equipos se instalaron en la cautela para evitar un posible error que al final pudiera pagarse caro. El tercer gol hizo su presentación a falta de quince minutos para el noventa: una falta clara a Luca Modric a seis metros fuera del área. Cristiano a dos manos con determinación, colocó el balón sobre el césped lanzando fuerte a la barrera que como una sandia, se partió en dos, sorprendiendo al portero. Con suspense el esférico se dirigió mansamente hacia el fondo de la portería hasta quedar dormido junto a la red. El público rugió de manera incontrolada, enloquecida. Las gradas vibraron como si se hubiera producido un terremoto y Narcisus, con un espléndido “hat trick” muy celebrado, ponía al alcance de los aficionados ver de cerca la semifinal. Era su decimosexto gol en la competición quedando a solo dos de poder superar su propio récord. Un récord que firmó dos temporadas atrás con el general italiano don Carlo, cuando los “diablos blancos” ganaron “la Décima”. 

Los minutos siguientes fueron de comerse las uñas y echar mano de los amuletos, de aguantar mudos la respiración y los nervios porque si marcaba el equipo alemán, “los Lobos”, pasarían ellos dado el valor doble de los goles fuera de casa en caso de empate. Pero el marcador por suerte para los madridistas no se movió. Los jugadores del Wolfsburgo agotados perseguía sombras y sobre el terreno de juego solo había un equipo que además, tuvo otras dos claras ocasiones en los minutos finales salvadas “in extremis” por el portero germano evitando mayor castigo. 

Cuando el árbitro decretó el final, una explosión de júbilo invadió el estadio. Los jugadores saltaban felices en el centro del campo y los aficionados se fundían en las gradas con sentidos abrazos. Nadie tenía prisa por avandonar el “Estadio”, jugadores y público permanecían atados en comunión disfrutando la victoria. Por sexto año consecutivo el Real Madrid llegaba a la semifinal de la competición de clubes más prestigiosa del mundo; el único club que lo ha logrado. Mañana los niños saldrán a la calle luciendo con orgullo sus camisetas. Como decía aquel maestro que se esforzaba por hablar claro a sus alumnos intentando evitar los exabruptos: ¡que ce joan! Ahí empezó todo.

 

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