YO ACUSO…..

Hoy es de esas veces que el barón empuña y maneja el cálamo como afilado bisturí, ocasionalmente como cimitarra, y metido como está en la farragosa y decepcionante Hispania del siglo XXI, ayer estuvo de nuevo en un tris de arrojar su olla de cebollas por las troneras de la torre poniendo fin a sus caballerosas andanzas. ¿Por qué?, se preguntarán sus agudos lectores. Porque sufre la imposibilidad de trasladarse a cuerpo sobre Merengue, con la dudosa ayuda de su ladino y avieso escudero, a la malhadada Hispania de ahora. Es consciente de que su brazo sigue siendo fuerte, que Merengue no sólo es un brioso y esforzado corcel, es también su leal amigo, pero de Raphael, no puede espera nada.
A nadie se lo ha contado, lo mantiene de escudero porque su padre, en su lúgubre lecho de muerte, así se lo rogó confesando afligido y con lágrimas de sincero arrepentimiento, que el bribón, ¡era su hermanastro!, fruto de un amor prohibido con una rolliza ventera de Murtas. También es consciente que de trasladase a la Hispania del siglo XXI, sería objeto de la rechifla general y acabaría en un manicomio. Por eso, y por su endémica indolencia, prefirió abrir el escritorio, coger el cálamo y sobre un grueso pergamino, escribió su indignado: “Yo acuso”. Cuando lo termine, se acercará hasta Gualchos para ahogar sus penas en la taberna del Jayuyo, donde aliviará su estómago con un plato de habas con jamón y una barrica de vino. En esta ocasión de La Contraviesa. He aquí lo que nos ha dejado escrito:
Hay algunos aspectos del archiduque que recuerdan a Cronos, el mitológico dios de la Grecia Clásica que devoraba a sus hijos por temor a que le usurparan el trono. Así de tajante se muestra con los generales que “rara avis”, los aguanta más de un año. Parece que le divierte cargarse sus proyectos. Sin embargo, hay un oficial cuyo rendimiento está cuestionado con el que no utiliza la misma severidad. Lo mima como un padre y lo renueva “sine die” en lugar de buscarle competencia. Lo refuerza en su posición comprando trapitos de mercadillo.
No aprendió nada de su anterior mandato en el que abucheado por el vulgo, tuvo que renunciar al sillón real lamentándose de haber malcriado a sus hijos. ¿Cuándo se van a presentar los nuevos fichajes?, se preguntó la plebe en el pasado verano para reforzar una plantilla que consideraba limitada para abarcar todos los frentes. La respuesta del archiduque fue que la plantilla era inmejorable. El general Zidane se quedó sin refuerzos como su despechado antecesor, y el anterior, don Carlo, durante la que fue su segunda y postrera temporada tras haber ganado en la primera, “la Décima”.
Además de ser una plantilla sin profundidad, por lo que acusa cierta falta de regularidad, más pronto que tarde emergen a la superficie viejos vicios incorregibles. Unos hábitos que se han instalado en la corte desde tiempos pretéritos como la desidia según qué batallas, porque los titulares al no disponer de un recambio de garantía que les apriete las clavijas, dosifican el esfuerzo al considerarse intocables.
El barón está decepcionado por el empate frente al Villarreal, se perdió una situación favorable de colocar el listón en dieciocho triunfos seguidos en la Liga y la oportunidad, de distanciarse del rival más incómodo. La imagen que se ofreció durante la primera parte fue nefasta y tras la catarata de elogios que el barón dedica merecidamente a su protegido, Zidane, “el hombre de los milagros”, en esta ocasión piensa que estuvo blando a la hora de realizar los cambios. Narcisus debió ser sustituido, sentado en el banquillo no solo por lo que dió hoy, sino por todo lo que viene dando desde que se incorporó a la tropa comenzada la campaña. La decisión es complicada conociendo la personalidad egoísta que el sujeto se gasta y mucho más, si nos detenemos a pensar que su eficacia y oportunismo con el gol, puede resolver en una situación aislada la batalla.
Tras ganar la Copa de Europa con su selección, disfrutó de más vacaciones que nadie y a su regreso, realizó una preparación física individualizada. Pero la realidad es que está para mandarlo al foso de los leones. El barón sospecha que su bajo rendimiento podría estar ligado a un golpe que recibió en el tendón rotuliano. Lo cierto es que cada día se ve más torpe, no se va de nadie, no defiende, y todos los balones que toca, los pierde incomprensiblemente.
El barón ha leído tanto de su querida España, que observa lo que sucede desde un caleidoscopio donde para su irritación y espanto, hay muchos días de la marmota. Le resulta un país que tiene poca memoria y en el que se practica el cainismo. El éxito además de envidia, genera odio. Un pesimista es un optimista bien informado.
