6 junio 2026
La Furia

POLVO DE ESTRELLAS.

Entre el calor del estío y los sudores que le causaron el caldo de una cosecha criada en las cepas de Albondón, el barón bajó de las alturas y ha tomado tierra con cierta precipitación. Diciéndolo más claro, ha rodado por las empinadas escaleras de piedra de la torre almenada. Pese a llevar extemporáneamente puesta la celada, los guanteletes, los escarpines de hierro articulados, la armadura completa, el tremendo golpe lo dejo desarmado. Como tiene despejada la alacena de hierbas medicinales, no pudo hacerse una infusión que aliviase los dolores por lo que encantado de la vida, todo hay que contarlo, recurrió al causante del incidente, el mosto fresquito pero traidor. Confuso y perdido en su proverbial comedimiento, se sentó vacilante frente al atril con una pierna estirada apoyada en un taburete. Luego, cogió el cálamo y entre risillas y muecas de alegría, escribió lo siguiente: 

El barón está muy sorprendido por la ingratitud que el populacho demuestra con los oficiales veteranos, fascinados por el fulgor que desprende un joven infante. En cuestión de semanas, han olvidado las gestas que alcanzaron aquellos y los quieren jubilar.  A unos veteranos que con sus virtudes y defectos, han sido los principales artífices de los actuales triunfos que tanta satisfacción han provocado causando admiración y envidia mundial.

La visión en general de los aficionados es muy corta, semana a semana, sin detenerse a pensar en situaciones que son fundamentales cuando se planifica la estrategia de una temporada. Asensio, así se llama el nuevo infante, ha demostrado en los últimos meses una calidad que no paso desapercibida estando en una línea ascendente para alcanzar la oficialidad, pero los galones se los tendrá que ganar a pulso manteniendo una regularidad en el tiempo. 

Esta nueva situación, lleva a algunos aficionados a la impaciencia, a mostrar opiniones en las que exigen que el cambio de  guardia se realice “ipso facto” sin conocer al dedillo, las interioridades que el general Zidane vive día a día con la plantilla. Para tal fin, suelen apuntar sobre un par de cabezas de turco que los pinochos llevan tiempo señalando. Una de ellas sería la de Gareth Bale, un jugador técnicamente poco florido al que asolan las lesiones pero cuando está en forma, es un huracán incontenible. El segundo perjudicado sería Karin Benzema, que si bien no destaca en su estadística el número de goles, se ha convertido en un referente de la delantera por su influencia en el juego del que se benefician el resto. Sobre todo Narcisus, al que procura no incomodar para que se lleve los aplausos.

De todos modos, tanto para Narcisus, el oficial con más años de la tropa como para los defensas Sergio Ramos y Marcelo, se hace necesario encontrar un recambio de altura puesto que no parece hoy se tengan en el banquillo. Nadie, salvo a un demente se le ocurre tirar piedras a su tejado por lo cual, en lugar de apuntar el telescopio sobre una sola estrella, disfrutemos de todo lo que nos ofrece el Universo. Dejemos a Zidane sembrar con la tranquilidad necesaria sin cargarle de más presión de la que por su delicado cargo soporta. No convirtamos las preferencias personales en un vertedero de repudios que puedan romper la buena dinámica de la tropa, en una insensata guerra fratricida por el simple placer de creer alguno, haber descubierto una estrella. Una estrella que en cualquier momento puede convertirse en polvo cósmico. No se entierre de manera precipitada, por el ruido que tratan de generar los pinochos, a otros astros que todavía se mantienen encendidos brillando en el firmamento. 

A la vez que el barón cavilaba ausente intentando dar sentido al texto, Alessio, su lacayo, leía el escrito a su espalda refocilándose. Pero llegó un momento en el que le tuvo que arrebatar el cálamo de entre los dedos y conducirlo a su yacija donde ahora descansa roncando con estruendo. Los caballos se han puesto a relinchar en las cuadras y el azor, con más años que las palmeras de Elche, quiere librarse de la fina soguilla de cáñamo que le impide lanzar el vuelo. Nosotros leeremos a hurtadillas el fruto de su ingenio.

 

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