PLAGUICIDA PARA LAS RATAS.

El barón hoy se ha levantó cuando el sol asomó tímidamente por el levante, dejando temblores rosados sobre un mar plateado. Se levantó sonámbulo y con los brazos extendidos hacia el frente. No calculó bien y al llegar al primer escalón, se dio tal golpe en la frente con la fría piedra del dintel, que terminó rodando por las escaleras hasta aterrizar en el duro rellano de adoquines con la cabeza desacoplada como un muñeco de trapo. Uno de sus lacayos que por allí pasaba, más con regodeo que con ánimo de servir, le lanzó un cubo de agua que encontró a mano para que despertase. Pero aquello no era agua, sino un espeso liquido amarillento y pestilente que la gente culta llama heces fecales, las doncellas caca y el común de los mortales, mierda. Esa frente clarividente, esos pómulos marcados, esa recia caballera otrora cubierta con sangre sarracena, hubo de limpiarla deprisa con un paño mientras el barón fuera de si, a grito pelado imprecaba a su estúpido lacayo. Un rato después, serenada el alma y ahuyentados los malos espíritus, entonó el ánimo bebiendo dos cazos de un caldo de sus viñedos para escribir lo que sigue.
Resulta increíble la complacencia que respira la corte, aferrada a la gloria de un pasado sin que parezca consciente, de que existe un presente con enemigos nuevos y reglas nuevas a las que se tiene que adaptar para hacerles frente y mantener el cetro. Desde que los seres humanos tienen memoria, el mundo se divide en ángeles y demonios, espíritus buenos y malos, divinidades generosas y malvadas, deidades puras y grotescas. El hombre por costumbre odia a quien le hace sentirse inferior y es por ello, que hay quienes se acaban transformando en ratas. Para defenderse de las ratas si el intelecto no funciona, es necesario poner a prueba la eficacia de remedios químicos como los plaguicidas.
Hace unos días en la web “change.org”, apareció una plaga de ratas solicitando que el Real Madrid, sea despojado de las seis primeras Copas de Europa aludiendo, a una serie de disparates que cuanto más se repitan en las “redes sociales”, en cualquier sitio donde a cualquier ceporro le permitan escribir, van calando como la lluvia fina en aquellas mentes jóvenes e ingenuas con un déficit de información. La respuesta habitual de la corte frente a los continuos infundios, necedades e insidias que suelen aparecer en los medios para quebrar su resistencia, es hacer gala de aquel viejo refrán que dice: “A palabras necias oídos sordos”.
En lugar de alfabetizar, instruir con los medios que a su alcance dispone, calla, y frente a la nula respuesta, las ratas proliferan y no se esconden, las padecemos instaladas en casa comodamente sentadas en nuestro sillón favorito viendo la televisión, y arrasando con todo lo que encuentren en la nevera. Las ratas han terminado invadiendo los pútridos órganos de los medios de comunicación ganando la batalla de la propaganda.
El madridismo percibe confuso que frente a los ataques que se reciben, la corte permanece muda como un difunto y logicamente, se siente indefenso. Quizá, el ejemplo seleccionado no sea el más representativo habiendo situaciones a diario más lacerantes, tal vez se pueda considerar una nimiedad, pero las nimiedades una tras otra, terminan erosionando la dignidad y la moral.
Pudiera ser que el veneno inoculado haya incubado de manera tan eficiente, que las células nerviosas de la corte se hayan paralizado. Grandes imperios cayeron por su arrogancia e inmovilismo”. Esa desgana, esa falta de resistencia y agilidad en la respuesta, ese pusilánime talante de creer estar por encima de todo, lo bueno y lo malo. Ese plúnmbeo ensimismamiento, esa conducta pasiva, en cierto modo es culpable de que la tropa se pase media temporada sesteando. No se ve exigida porque la corte está sonámbula y los lacayos, no distinguen el agua de las heces.
