6 junio 2026
La Furia

LA SIESTA DEL CAIMÁN.

El barón es directo a la hora de hacer valer sus convicciones, no ha ahorrado argumentos para rebatir las argucias, los embustes y las maldades de tanto rufián que anda suelto por esos predios. No es siervo de nada y nadie e igual que hace un tajo en la cerviz de un sarraceno, no se amilana en lanzar el guante a un caballero. Después de la cruz, la verdad es su guía y estandarte. Dicho en román paladino, no se casa con nadie. Es por ello que cuando ve debilidad donde debería brillar la fortaleza, ve vacilación donde ha de aflorar el empuje, ensarta la adarga en tierra y desenfunda la espada. Hoy repartirá algún mandoble, aunque lo hará con la hoja plana. En el portón de su torre almenada clavará dos puñales con el pergamino de sus admoniciones. 

El bufón Piqué ha vuelto a la carga y sin que viniese a cuento, tras el partido amistoso que jugó la selección en París contra Francia, ha regurgitado lo siguiente: “Lo que no me gusta del Real Madrid es su palco, los hilos que allí se mueven. Messi y Neymar están imputados por evasión de impuestos y Cristiano nada. Esto ha sido así siempre”. Por si no fuera nauseabundo ver desfilar a los directivos culés lamiendo las nalgas al deslenguado Piqué en fila de a uno, el barón se dió de bruces en su mágico “ceboclick” con la respuesta del presidente del Consejo Superior de Deportes que dice: “No tenemos que sacar fuera de contexto las declaraciones de Piqué, es un hombre inteligente y juega un papel”… “Llamarte mala pobre sonaría, llamarte zorra no daría tu talla, pues por puta te saben las personas. Y llamarte putísima, sería como llamarle cerro al Himalaya, como llamarle arroyo al Amazonas”. El insulto ingenioso es como un “chin chin pun” de estrellas. De tal manera se desahogo el escritor Juan Pérez Creus con su exquerida. 

Una de dos, o el bufón tiene razón, los jueces y fiscales son unos golfos que se dedican a prevaricar, por lo cual, lo que cuenta Piqué es irrelevante, no hay que escandalizarse, o los ciudadanos están indefensos en manos de unos políticos felones al servicio de la escoria que infesta la convivencia entre españoles. No se puede considerar un país serio cuando el delito y la dejación se instalan en la función pública o se tolera como libertad de expresión, la ofensa. Cuando se compensa la maldad y la virtud es castigada. 

El archiduque en su forzado empeño de salvaguardar su beatífica imagen, se desentiende de provocaciones y no entra en ninguna reyerta. Prefiere esperar agazapado, inmóvil como un caimán en el pantano dejando solo asomar las gafas, observando como el resto de la fauna se mata a dentelladas. Alguien podría interpretar que el caimán no tiene dientes, que es un pelagatos y confundirlo con don Tancredo, en la Wikipedia

El barón es un caballero al que se recibe en la “round table” y en todas las mesas camillas, razón por la que con el yelmo en la mano e inclinándose levemente sin torturar su sufrida espalda, de nuevo pide disculpas a las señoras y los caballeros de acreditada virtud que lean lo escrito. En los tiempos que corren, cuando la obscenidad encuentra cobijo y respaldo en los medios de difusión hasta rozar la demencia, las mozuelas escupen palabrejas mal sonantes y los hijos pegan a sus madres, nada ya nos tiene que sorprender.

Son tiempos que tendremos que expiar porque en el templo sagrado de la información, los pinochos se manifiestan con un puñado de frases tabernarias y patibularias sin que sus bustos de granito salten destrozados en mil pedazos. Por todo lo que antecede en el escrito, el barón piensa que su crónica de hoy es de sacristía, la ocurrencia de una moza pudorosa o el desahogo del hermano mayor de la cofradía, tras detenerse la procesión por enésima vez a veinte calles de la arribada.

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