6 junio 2026
La Furia

HAY GENTE “PA TÓO”.

Cuando el barón se pasa una copa con el vino de La Contraviesa, las ideas más extrañas se agolpan en su cabeza. Anoche, cuando en la soledad de sus aposentos observaba el oscuro y vaporoso manto de la noche, colonizado por lejanas y brillantes estrellas, pensó que el hombre es el único animal sobre la tierra que tiene conciencia de la muerte, el único que rie y el único que es capaz de hablar aunque a veces, sea para enmascarar sus pensamientos con un insoportable y arrogante cinismo. 

En los tiempos contemporaneos, los pinochos han entronizado el embrollo con la utilización tramposa del lenguaje complicando estúpidamente las palabras. ¿Por qué se pronuncia confusionismo si la palabra correcta es confusión? ¿Por qué una palabra horrible como culpabilizar, vuela como un verso suelto si existe la palabra culpar? Sin duda se acabará llamando al pan vino y al vino pan. El barón se pregunta pasmado, ¿por qué las críticas al general que ha ganado títulos hasta cansar. Luego, sucederá lo que le pasó a aquel célebre tenor que actuando en un teatro de Gartagena, se le escapó un gallo y para disimiular tan horrible situación, lanzó un desgarrado y agónico: ¡Viva Cartagena! 

Hay madridistas que se confunden respecto a la valía profesional de Zidane, les resulta complicado encajar la realidad y aborrecen su sonrisa, les repele su cabeza pelada y hasta les fastidia que consiga trofeos. Su vanidad les impide disfrutarlos. A la menor ocasión, tratan de denigrar su imagen dado que el panorama que dibujaron cuando aceptó la dirección del equipo, en medio de una preocupante crisis social y de resultados, afortunadamente no se cumplió. Se presentan con supina arrogancia en los foros donde se jactan de un modelo que descarriló, llámese Mourinho, al que añoran y consideran un icono. Se entregan con entusiasta pasión a la refriega intentando recuperar las toscas formas y métodos de aquel, frente a otras alternativas de gestión que han demostrado ser más eficientes, llámese Zidane. En sus inútiles invectivas, quieren enfrentar la supuesta mano dura de Mourinho, con las templadas formas de Zidane al que califican burdamente de blando, e incluso alguno de inepto. Todo ello a pesar de sus ocho títulos en apenas dos años frente a los tres en tres años que ganó José Mourinho, destacando dos “Champions League” seguidas, un hito que hasta la fecha ningún otro entrenador ha conseguido. Hay quien mueve el árbol hasta destrozarlo para recoger escaso fruto mientras otros, con un talante discreto, una actitud serena pero firme y sin ruido, no paran de llenar el capacho hasta rebosar. Al final los resultados son los que mandan y marcan si la dirección es la correcta. Padre Damián, seguro que no asistieron a su clase de catequesis desarrollando un perfil oscuro. Son incorregibles. 

Hay otro grupo de madridistas que cambian de chaqueta tras el biombo para cada sketch orientando su opinión del lado que sople el viento, como las veletas. Ayer todo eran halagos al general, le aplaudían a rabiar hasta con las orejas por llenar la despensa de exquisitos manjares dignos de complacer al más exigente sibarita. Pero basta una mala racha en la Liga por culpa de las lesiones, la errónea planificación del archiduque y su valido devaluando la plantilla, y unos arbitrajes nefastos, para que de un plumazo se quiera olvidar y enterrar todo lo bueno que hasta hoy se hizo. 

Ambos bandos, los unos y los otros, maleables por el entorno fétido que siempre rodea a una corte sin alcantarillado, se ven abocados a unir sus fuerzas en una crítica estéril contra quien posibilitó, tras años de exasperante sequía, de vagar por un árido desierto como un zahorí sin encontrar un oasis, y un reguero de generales muertos, devolver al Real Madrid al privilegiado lugar que le corresponde, su condición de líder. A lo único que puede llevar esa descuidada conducta es a contagiar el desánimo. “Las victorias tienen muchos padres y las derrotas, solo uno”. 

A Rafael “el Gallo”, antiguo torero que era senequista sin saberlo, un día en un hotel le presentaron en una fiesta a Ortega y Gasset. 

-¿En qué se gana la vida?, preguntó el torero a sus acompañantes. 

-Es filósofo, le dijeron. El maestro se quedó meditando, se rascó el cogote y escéptico respondió: -Hay gente “pa tóo”. Y eso lo dice alguien para quien lo más natural del mundo es ganarse la vida esquivando toros con un trapo rojo. 

Si consideramos que los años pasados fueron una cucaña de despropósitos, un rastrillo de vanidades donde se vendió miseria, un tiempo robado que no debió permitir la policía, un peligroso y a la vez fascinante caminar por los pantanos plagados de caimanes hambrientos… Pasaron tantas cosas que se debería evitar volver al principio. No queremos desandar lo andado, sugería el Píncipe de Lampedusa en “El Gatopardo”. 

 

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