LOS UNOS Y LOS OTROS.

El barón se arma y sale de algarada con su espada y una maza de treinta pinchos por esos campos sarracenos en los que la trampa, está servida a la vuelta de cualquier colina tras los amplios límites de su heredad, prestos sus enemigos a utilizar la cimitarra al grito sobrecogedor: ¡Ahla Akbar! Y, ¿por qué ha vuelto el barón de nuevo a la aventura? Porque mientras desayunaba apaciblemente en su blanca torre almenada con perfiles dorados, escuchando el dulce trino de los jilgueros en las ramas de los árboles, los torreznos se le han atragantado.
El barón cree que la providencia nos ha concedido el lenguaje para disfrazar los pensamientos y que los pinochos, han trasformado en arte el retorcimiento de las palabras para encubrir maldades. Si la realidad y nuestra doctrina no coinciden, decía Lenin, hay que cambiar la realidad. Es entonces cuando se destapa el frasco de los embustes, las bellaquerías, las zancadillas, toda la malignidad que reside en la truculenta mente humana sostenidas, por una caterva de anónimas comparsas que abducidas por sus pláticas, acaban convertidas en complices conspiradores.
El binomio de pinochos sin escrúpulos y anónimas comparsas, fácilmente puede terminar siendo una insoportable tiranía porque la gente con algún talento, que no es la mayoría, evitan participar de los intereses de aquellos y escapan. Todos los perdedores se unen para agotar al ganador por lo que hay que reconocer en el general su astucia, el mérito de saber medir los tiempos y la destreza para combatir en un acantilado rodeado de enemigos y amigos falsos con el agravante, de tener que defenderse solo atado de pies y manos.
Los pinochos y sus ninfas adoratrices, la pandilla de rebotados que creyeron que con otros sería llegar y besar el santo, andan desesperados porque Zidane, que además de inteligente domina el equilibrio como un funambulista, no acaba de darse el trompazo y rodar por el precipicio. Algo que desean aquellos para justificar sus penurias. Y, ¿Por qué Zidane, en lugar de hacerles un corte de mangas como don Amadeo en la raya de Portugal, soporta las patochadas tabernarias de los pinochos y las ordinarieces de sus abarraganadas comparsas? Porque se trata de una persona seria y decente que ha decidido terminar la travesía dejando el barco atracado en buen puerto a cubierto.
Después de haberse dejado el pellejo recomponiendo un puzle al que le faltaban piezas. Después de haber esquivado con triunfos las críticas desdeñosas que lo tildaban de alineador y de tener una flor en el culo. Después de sanear la economía con la salida de infantes que el archiduque por su cuenta y riesgo traspasó para hacer caja y un “black friday”, poco derrochador. Después de dejar sin argumentos a toda la patulea y después de, sin hundirse en las trampas, a la chita callando haber traído dos veces la “Champions League”, la Liga y un insuperable número de trofeos en apenas dos años, las nostálgicas viudas y los predicadores de la nada, a falta de argumentos, intentan forzar la situación para que se vuelva a los tiempos revueltos en los que en la corte, faltaba el pan y se pasaba hambre.
Los pinochos no están solos, en la ofensiva, les acompaña un hatajo de renegados por lo que el barón pierde la compostura y exclama: ¡¿A dónde nos quiere llevar ese chusmerio volatinero, contorsionista y trapisondista?!… Están más perdidos en la jungla de los sablazos que un turco en la niebla.

En los siguientes hay un ligero cambio de narrativa respecto a los últimos publicados. Quedan siete. Y Fermin tocando las pelotas⚽ Empatan los checos.