6 junio 2026
La Furia

“NOVUS HOMINEM”.

Casi al final de su vida, el filósofo Herbert Marcuse descubrió con cierta desazón, que estuvo defendiendo una utopía. Pretendía una sociedad nueva donde un hombre nuevo, pudiera sentirse feliz tras salvar los vicios y las injusticias del capitalismo. Su propósito se desvaneció al darse cuenta muy a su pesar, de que para construir una sociedad nueva, previamente son necesarios unos hombres nuevos y esos hombres nuevos, solo se pueden encontrar dentro de una sociedad nueva. Es decir, que para que aquello ocurriese, los hombres nuevos y la sociedad nueva deberían de eclosionar y mimetizarse al mismo tiempo; algo que parece metafísicamente improbable salvo que aconteciese un milagro, o una hecatombe de dimensiones bíblicas. 

Como decía Gómez de la Serna en una de sus líricas greguerías: “Si no hubiese luna los ríos equivocarían su curso”. Espero que la luna ilumine los pensamientos de Florentino, que tenga el acierto de traer hombres nuevos que puedan crear una sociedad nueva para que los madridistas, continúen disfrutando. Para que se disipen las dudas que se puedan tener tras la marcha del general Zidane y de Cristano. 

Los españoles son dados a confiar en los milagros, es algo que les viene de lejos. A Carlos II, el Hechizado, le acostaban al lado de la momia de San Isidro. La reina Isabel II conocida por la de los Tristes Destinos, o la Reina Castiza, se dejaba aconsejar en sus decisiones políticas por sor Patrocinio, una monja cuyas visiones místicas le producían llagas por el cuerpo. Se cuenta que Franco, viajaba a todas partes con el brazo incorrupto de Santa Teresa. Las quimeras más absurdas siempre han contado con entusiastas seguidores. Somos el país del tocomocho y persiste la convicción colectiva de que nos va a tocar la lotería.

El Conde de Aranda, que fue quien la introdujo siendo ministro de Carlos III, comentaba a sus allegados con una sonrisa mefistofélica, que era un impuesto a la estupidez humana. Se suele decir de los españoles que no son previsores, que cuando se están axfisiando, creen aparecerá su ángel de la guarda a destensar la cuerda. In the Garden, en su incansable peregrinaje que no busca el cuerno de la abundancia sino la verdad, tantas veces oculta, ha descubierto con verdadera sorpresa que escribe en prosa. Hoy tiene para elegir dos opciones. La primera: envolverse con una sábana de color azafrán y sentado sobre una alfombra bizantina que rescató en Tierra Santa, ponerse a meditar. La segunda: escribir una batallita de verano.¡Agua va! 

La línea que separa la epopeya de la mamarrachada es muy fina, todos los héroes buscan a su Homero. De los muchos sucesos trágicos que protagonizó “la Guerra de Marruecos”, hay uno que cuenta que un coronel, antes de lanzar un ataque a la bayoneta, se subió en lo alto de un armón de artillería para arengar a la tropa. Les dijo: “¡Soldados!, ¡si avanzo seguidme!, ¡si vacilo empujadme!, ¡si retrocedo matadme!”. Al intrépido y valiente coronel lo mataron al resultar algo “corto” y quedar rezagado frente al fuego enemigo. 

Esperemos que el archiduque y su valido Sánchez, no tengan en ascuas al populacho hasta el último día prometiendo pescar un gran pez, y luego se hayan de conformar con una lata de sardinas de setenta gramos. La marcha de Narcisus y las que puedan llegar hasta que finalice agosto, hace necesario traer hombres nuevos para construir una sociedad nueva que ilusione. 

-Excelencia, ¡corra!, ¡aprisa!, el pueblo tiene hambre y las  tripas están vacías. “Un ejército anda al ritmo de lo que come”. 

El barón acaba de enviar a su dulce molinera una galante carta en la que ha garabateado algunas chuminadas de dudoso gusto. La ilustró con un corazón y unas cuantas cursiladas que provocaron las risotadas de Alessio, su criado. Le ha encargado que la haga llegar en mano a la molinera evitando a su padre que es más bruto que un arado, capaz de romperle todos los huesos al más pintado. ¿Por qué las carcajadas de Alessio, su lacayo? Porque las musas han abandonado a nuestro sin par caballero y ha escrito cosas tan estúpidas como ¡ejem!, “primorosa clavelina”, o vulgaridades tales como: “mi boquita de pitiminí”. Un desastre sin paliativos. Pero, tampoco la molinera es Madame de Pompadour.

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