DONDE NO HAY…

In The Garden habría dado tres celemines de su mejor trigo y cinco pellejos de su mejor vino, por cruzar el túnel del tiempo e irrumpir al galope por el portalón norte de El Retiro. Lanza en ristre y el penacho al viento sobre el yelmo, lamentablemente viendo menos que las ranas del estanque, para buscar entre la multitud al ladino, al bufón, al jeta y al cenutrio, a Dios en el Monte Sinaí y a los sabios del fútbol. Pero sobre todo, a ese monstruo de la natura y fénix de los ingenios: Pinocho Lama, el “estigmatizado”. Rey de los trileros, hermano mayor de la cofradía del Cristo de Cabra y otros títulos que se puedan encontrar en la biblioteca cisterciense de la Wikipedia, allá, en Los Cárpatos. Ete aquí el bilioso pasquín que el barón ha dejado colgado en las puertas de todas las villas del Reino para que se lea, se conozca y se sepa.
¿Hasta cuándo el vocinglero personaje va a vivir de la patraña? Isco es un ¡bluf!, un futbolista sin velocidad, sin físico, que se pierde en la floritura y el arabesco intrascendente. Un sujeto que hay que darle un balón para que juegue solo. Su especialidad son los malabares en la playa de Benalmádena para vacilar con los amiguetes y más tarde, atiborrarse de pescadito frito y cerveza en el chiringuito de Manolo ahorrándose el flotador.
Y quien dice Isco puede decir el Camero, un agujero negro galáctico en el centro de la defensa sin cintura y sin velocidad, que tiene a los aficionados hasta la coronilla con sus continuas torpezas dentro y fuera del campo de batalla. Narcisus, ¿dónde se metió el “bicho”?, frente al Málaga en La Rosaleda desapareció.
El “efecto Zidane” se ha esfumado, comentan los pinochos eufóricos desde sus púlpitos cenagosos tras un nuevo revés de la tropa. El problema de ningún modo es del general que hace un trabajo metódico y serio con las piezas que dispone, ni de una supuesta carencia de experiencia que si así fuera, la compensa de sobra con otras cualidades. El problema son unos soldados endiosados que se creen celebridades y se esfuerzan lo mínimo porque tienen la vida resuelta. El problema sobre todo radica en el “cónclave” de los despachos, en el duopolio presidente y director general que planifican la plantilla a su libre albedrío, con criterios deportivos poco eficientes y profesionales.
Decía el archiduque recientemente que para fichar a los mejores no necesita un director deportivo. Posiblemente esa frase retrate el concepto que tiene de su persona y entender el fútbol. Se ve a si mismo como un hombre superdotado que lo sabe todo y cuyas ideas infalibles, son las que funcionan prevaleciendo por encima de las profesionales. Para que otros me equivoquen, se dirá, me equivoco solo.
La solución no está en tirar de talonario para traer un busto que venda camisetas, un futbolista que haya destacado metiendo un gol en el último mundial para presumir ante los demás de músculo financiero, eso lo puede hacer cualquiera a quien los bancos le concedan crédito. La solución está en fichar lo que es necesario y dejarse de cromos, jugadores con capacidad de adaptarse a la idea de juego, principal argumento que se debería tener en cuenta y del que Florentino, no se cosca. De ahí sin ningún rubor, cambie de entrenador como quien cambia de calzoncillos. La solución es conformar una plantilla sólida y equilibrada donde los aspectos técnicos, físicos y psicológicos de sus componentes se mezclen con armonía dando como resultado, un fútbol fluido y sin fisuras.
Cuando se dice o afirma que una plantilla está compensada, se quiere indicar que todas las posiciones están dobladas y entre los supuestos titulares y suplentes, no existe un muro infranqueable que desincentive la competencia. Para formar una plantilla fiable lo lógico sería confiar el trabajo a un profesional de reconocida solvencia que sabe distinguir las churras de las merinas y no, que unos simples aficionados, el archiduque y su valido, arrogandose un conocimiento que claramente se ve no tienen, sean quienes lo decidan. Sin talonario no hay vida. A veces da la impresión de que se ficha sin la suficiente información, por capricho, a ciegas o por los titulares que leen mientras desayunan al abrir la prensa.
Se dan situaciones tan paradójicas como la de no disponer de un delantero centro solvente y esa ubicación, la ocupe un sujeto que tiene pavor a mirar la portería. En lugar de fichar un especialista de acreditado nivel que refuerce la posición y compense, los días de la marmota de Narcisus, se traen jugadores con un perfil similar para tenerlos cabreados en el banquillo. La defensa está pillada con alfileres y si alguno se constipa, no hay suplentes para ofrecer la suficiente garantía. La consecuencia de esa política errática del archiduque en sus doce años de presidente, queriendo, según dice, imitar el legado de don Santiago sin detenerse a pensar, que aquel fue cocinero antes que fraile y los tiempos cambian, se han tecnificado, es que los fracasos cuadruplican a los éxitos. Con tales premisas es muy complicado que los entrenadores trabajen con red en un proyecto y acaben triunfando… salvo que llegue alguno con la capacidad de hacer milagros.
Hecho trizas por el titánico esfuerzo, con Merengue liberando bufidos, así decidió finalmente llamar a su nuevo corcel, el barón se estira para alcanzar una loncha de tocino que cuelga del techo. Para acompañar el suculento manjar y resulte completo, se sirve un cuartillo de vino. Más tarde, tendido a lo largo y ancho boca arriba sobre su catre y levantado el telón de la oscura noche, se sumerge en un sueño profundo y reparador. Piensa que por hoy ha cumplido, pero ignora que puediera acabar en un “gulag” medieval encadenado entre barrotes, con un horrible servicio de habitación sirviendo de cena para las chinches. “In saecula saeculurum”.
