EL HECHIZO…

Tras la última cita con la seductora dama de sus sueños, el colibrí que le ha robado el corazón, una vez explorados los placeres de la carne y alcanzados los ocultos misterios del primer piso, el barón ha perdido interés por la escritura, duerme profundamente y delira siendo víctima de un diabólico hechizo que hasta el veintiocho de mayo, no podrá ser conjurado. Esa es la fecha señalada de la gran batalla final entre ángeles y demonios. Así se lo reveló Merlín tras analizar las estrellas.
Los días se suceden en la blanca torre almenada en un piélago de incertidumbres. Un fuerte olor a incienso se propaga por el aire desde la capilla penetrando sutil por todas las habitaciones. Los mesnaderos a la espera de que su señor despierte, alivian la tensión del momento con galones de vino de su reserva mientras las alegres doncellas, buscan los escondrijos más discretos tras previamente limpiar los excrementos de perro, para flirtear con los mancebos a quienes permiten, entre risas, pasar las manos por sus turgentes y abrasadores pechos. El vástago del barón libre de todo trabajo y esfuerzo, sortea a las mozas pellizcandoles el culo articulando palabras que por pudor, haríamos bien en omitir. El “jodio” ha salido a su padre.
Llegó el momento más crucial de la temporada y la tropa, tras navegar con el viento de proa eludiendo todo tipo de obstáculos, ha conseguido mantenerse a flote para llegar a la orilla; algo que meses atrás parecía improbable por los enredos que surgieron con el anterior general en las primeras escaramuzas. Zidane ha consiguido con su liderazgo enderezar el rumbo, insuflar espíritu guerrero a una tropa que anterior a su providencial llegada, estaba desorientada.
Solo quedan dos batallas para terminar la campaña que decidirán el éxito o el fracaso de la misma. En la primera se necesita ayuda de un aliado dado que la tropa se ha mantenido en el segundo puesto de la clasificación, a un punto del primero en las siete últimas batallas pese a ganarlas. Nada se movió en esas siete últimas jornadas. Cuando recuperó el terreno perdido e iban lanzados hacia el título, volvieron las cacicadas. La única solución para ganar la Liga seria vencer a los coruñeses y esperar a lo que pueda acontecer en Granada. “Meigas haylas”.
Los culés a lo largo de la temporada han disfrutado de infinitas ayudas: ocho goles que resultaron decisivos en fuera de juego, diecinueve penaltis a favor por solo uno en contra, y doce rivales expulsados lo que significó que jugasen en superioridad más de trescientos minutos. La corte solo tuvo nueve penaltis a favor por cuatro en contra y padeció el doble de expulsiones que las que le favorecieron. Son cifras difíciles de digerir cuando el Real Madrid disparó cien veces más a las porterías adversarias que el Barça. Si como todo parece apuntar se pierde la Liga, el 28 de mayo tendrán la oportunidad de disputar en Milán la gran final de la “Champìons League”. “La Undécima” espera.
El barón ronca sonora pero serenamente, tiempo habrá para saber si nuestro egregio caballero es exorcizado. Pero una cosa son los hechizos y otra la mantenencia y, aprovechando una breve pausa de su profundo sueño, se levantó de un salto de la cama y se dirigió a la despensa dando buena cuenta de un kilo de morcillas camperas y una hogaza de pan casero. Como es su costumbre, bien regado. Para finalizar señalará la prueba irrefutable de que el barón trata con mimo a su Pantocrátor: ¡Zzzzz! ¡Grrrr!

No es la imagen que correspondía a este episodio. Me equivocaría al seleccionarla.